El por qué de la disforia.

Me parece realmente curioso que a veces las personas trans olvidemos por qué (algunas) sentimos disforia. No, chiques, la disforia no es algo inherente a ser trans, ni es algo a lo que debamos restarle importancia tampoco.

Ni yo, ni ninguna persona trans, hemos nacido con disforia. Una persona no nace y siente rechazo a ciertas partes de su cuerpo, esto no funciona así. En un mundo utópico en el que se aceptase la diversidad en todas sus formas, probablemente (no me atrevo a asegurar nada en base a una suposición, claro está) nadie sentiría disforia.

¿Por qué sentimos disforia? Porque la sociedad nos ha dicho cómo tenemos que ser; nos ha dicho qué es un hombre, y qué es una mujer, en base a unas características físicas que no significan nada realmente. No significan nada si hablamos de identidad.  Yo soy quién yo diga que soy independientemente de cómo sea mi cuerpo, en el aspecto que sea.

La disforia es una construcción social.

¿Sabéis algo que me hace llevarme las manos a la cabeza? Que a los ojos del mundo, lo “normal” es sentir disforia si eres trans. ¿Es “normal” sentir repulsión, rechazo, en ocasiones máximo, a ciertas partes de tu cuerpo? Llega un momento en el que algunes incluso hablan de disforia como lo más usual del mundo, como si ni siquiera fuera un problema. O como si fuera un problema cuya solución es cambiar esas partes de nuestro cuerpo que no nos gustan.

Esa supuesta solución refuerza la idea de que realmente el problema está en nuestro cuerpo, y no en cómo nos hace ver la sociedad nuestro cuerpo -> el real problema.

No me digáis que la decisión de hormonarse es libre, no me digáis que la decisión de operarse es libre, porque no lo es. Desde que tenemos uso de razón estamos condicionades por la sociedad que nos dice que tenemos que asemejarnos a las personas cis en todos los aspectos que podamos. Queramos o no, eso nos influencia, nos limita, nos oprime.

Supongo que es la decisión “fácil”, decirle a una persona que si no acepta partes de su cuerpo, que las cambie. ¿Para qué vamos a promover un discurso que realmente defienda la diversidad de los cuerpos? ¿Para qué vamos a decirle a las personas trans que pueden luchar por aceptar sus cuerpos? ¿Para qué vamos a demostrarles que es posible plantarle cara a esta sociedad?

Cuando buscamos la solución a un problema, primero intentamos localizar de dónde proviene para descubrir cómo solucionarlo, ¿no?

No digo que sea un proceso de deconstrucción sencillo, no digo que todo sea de color de rosa y utópico, porque no voy a mentir a nadie.

Sí, defiendo la libertad de cada persona a elegir sobre su cuerpo.

Sí, entiendo qué lleva a las personas trans a realizar modificaciones en sus cuerpos.

No, no considero que sean decisiones libres.

Y no pienso defender un discurso que al colectivo trans, a las personas trans, nos perjudica. Ya está bien de aceptar algo dan dañino y perjudicial.

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Despatologización de la transexualidad.

22 de Octubre, día por la despatologización de la transexualidad.

Según los manuales psiquiátricos, la transexualidad sigue siendo considerada un trastorno. Y, para acceder a trámites para cambio de nombre y género en documentos oficiales, todavía hace falta un informe psicológico.

¿Y nuestros derechos? ¿No dicen los DDHH y la Constitución Española que somos iguales en derecho todas las personas? ¿No dicen que merecemos dignidad y privacidad?

Yo no veo eso.

Porque si, para cambiar mi nombre en mis documentos oficiales, nos piden requisitos que no piden a personas cis, nos están discriminando.

Porque mi privacidad se ve invadida cuando tengo que enseñar mi DNI en determinadas ocasiones.

Porque es una persona ajena a mí quién decide si yo puedo ser quien ya soy. 

Porque en el informe que piden, tiene que estar escrito “disforia de género”. ¿Sabéis qué es eso? Es sentir rechazo a las características sexuales primarias y/o secundarias que hay en mi cuerpo.

No es solo que se considere un trastorno el hecho de que nuestra identidad de género no encaje con la asignada al nacer, que ya me parece una barbaridad. Sino que también, es un requisito sentir rechazo hacia nuestro cuerpo.

No hay que sentir disforia para ser trans. No hay que ser trans para sentir disforia. Bien es cierto que una gran parte de las personas trans sientes disforia, pero eso es por la sociedad cissexista y tránsfoba en la que vivimos, es por la presión social bajo la que vivimos las personas trans.

Pero hay muchas personas trans que no sienten disforia.

La disforia es una construcción social, es una creación de la sociedad. Porque, en una sociedad en la que se aceptase que hay hombres con vagina y pechos desarrollados, mujeres con pene y barba, y un largo etcétera; todo sería muy diferente.

Me niego, me niego a aceptar que la transexualidad se considere un trastorno, solo porque vivimos en una sociedad en la que unos genitales parecen poder marcar quién eres, cuando no es así.

Me niego a que se me pida que rechace a mi cuerpo, porque mi cuerpo no tiene absolutamente nada de malo.

Me niego a que se me nieguen derechos establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Artículo 1:

“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

Y reclamo mi derecho a ser yo mismo, a decidir por mí mismo.

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